La pintura de Josep Vías transita por dos caminos paralelos que a menudo se cruzan, el de la intensidad plástica y el de la verdad. La suya es una propuesta creativa donde tienen una marcada preeminencia la inmediatez, el frescor y el azar. Sin descartar aspectos como la composición y el contenido, donde su producción adquiere comodidad y sentido estético, es con el tratamiento libre de la materia pictórica, generando una propuesta de ritmos largos y trazos automáticos. Como el propio pintor dice “busco un juego que me permita narrar acontecimientos de tipo cuántico para interactuar con el público con un tipo de frecuencia nacida de la intuición para fusionar el interior más profundo con el exterior más lejano”.
Vías hace de sus obras una expresión no controlada del yo con una apuesta para una pintura all over y una predilección por el gran formato sin la necesidad de una idea previa compositiva. Generando telas de espacio completo, que no representan, sino que son.
En sus telas la objetividad, los convencionalismos, el cálculo y, en ciertos aspectos, la razón, dejan paso a un marcado individualismo nacido de una rebeldía interior. Con la cual, nos acerca a una transcendencia necesaria para ganarle la partida a dos conceptos inherentes a todo creador, la duda y la ansiedad. Esto genera una propuesta que no engaña, que huye de tendencias decorativistas para ofrecernos valores sólidos. Una pintura que se alza sobre el principio existencial del “ser es hacer” y que coloca el proceso por encima del producto. Una obra que nos reencuentra, entre otros, con Jackson Pollock, W. De Kooning y Robert Motherwell pero que deja grietas por donde entra la luz de Caravaggio, la contundencia de Picasso y la fuerza de Matisse.
Joan R. HerradorAICA (Associació Internacional de Crítics d’Art)